viernes, 22 de febrero de 2008

Los animales en el ecosistema

Al estudiar los ecosistemas interesa más el conocimiento de las relaciones entre
los elementos, que el cómo son estos elementos. Los seres vivos concretos le interesan
al ecólogo por la función que cumplen en el ecosistema, no en sí mismos como le pueden
interesar al zoólogo o al botánico. Para el estudio del ecosistema es indiferente, en cierta
forma, que el depredador sea un león o un tiburón. La función que cumplen en el flujo de
energía y en el ciclo de los materiales son similares y es lo que interesa en ecología. Como
sistema complejo que es, cualquier variación en un componente del sistema repercutirá
en todos los demás componentes. Los seres vivos animales, son importantes en el
ecosistema, porque son parte integral de la cadena trófica, y realizan un equilibrio
en las relaciones alimentarias.Los ecosistemas se estudian analizando las relaciones
alimentarias, los ciclos de la materia y los flujos de energía.

Relaciones alimentarias

La vida necesita un aporte continuo de energía que llega a la Tierra desde el Sol y
pasa de unos organismos a otros a través de la cadena trófica. Ejemplo de cadena trófica:
Las redes de alimentación (reunión de todas las cadenas tróficas) comienzan en las plantas (productores) que captan la energía luminosa con su actividad fotosintética y la convierten
en energía química almacenada en moléculas orgánicas. Las plantas son devoradas por
otros seres vivos que forman el nivel trófico de los consumidores primarios (herbívoros).
Pero las cadenas alimentarias no acaban en el depredador cumbre (ej.: autillo), sino que
como todo ser vivo muere, existen necrófagos, como algunos hongos o bacterias que se
alimentan de los residuos muertos y detritos en general (organismos descomponedores o detritívoros). De esta forma se soluciona en la naturaleza el problema de los residuos.
Los detritos (restos orgánicos de seres vivos) constituyen en muchas ocasiones el inicio
de nuevas cadenas tróficas. Por ej., los animales de los fondos abisales se nutren de los
detritos que van descendiendo de la superficie. Las diferentes cadenas alimentarias no
están aisladas en el ecosistema sino que forman un entramado entre sí y se suele hablar
de red trófica. Una representación muy útil para estudiar todo este entramado trófico son
las pirámides de biomasa, energía o nº de individuos. En ellas se ponen varios pisos con su anchura o su superficie proporcional a la magnitud representada. En el piso bajo se sitúan
los productores; por encima los consumidores de primer orden (herbívoros), después los de segundo orden (carnívoros) y así sucesivamente.

Niveles tróficos o de transferencia de energía:

Algo muy importante que ocurre entre los factores bióticos y abióticos es el flujo de
energía. La energía va pasando de un ser vivo a otro.
NIVEL TRÓFICO 1: es ocupado por los productores que capturan la energía solar
con los cloroplastos de las células ubicadas principalmente en las hojas.
Los organismos productores o los autótrofos (plantas verdes) son capaces de transformar sustancias inorgánicas (agua, bióxido de carbono y minerales del suelo) en compuestos
orgánicos (glucosa), mediante procesos fotosintéticos.
NIVEL TRÓFICO 2: son los organismos consumidores primarios, protistos y animales
que comen algas y plantas; Por ejemplo la vaca que come pasto. Los consumidores de este
nivel y de los demás gastan parte de la energía almacenada en sus reacciones químicas.
Las reacciones químicas garantizan que los animales puedan correr, ver, oír, sentir,
respirar, reproducirse, etc.
NIVEL TRÓFICO 3: Consumidores secundarios: son los animales y protistos que
se alimentan devorando a los consumidores primarios. Por ejemplo el tigre que se
come la cebra que a su vez como pasto.
NIVEL TRÓFICO 4: Consumidores terciarios: estos se alimentan de los secundarios.
Por ejemplo la serpiente que se come una rana, la cual ha consumido insectos.
NIVEL TRÓFICO 5:Los organismos "descomponedores" (bacterias y hongos), que
descomponen los protoplasmas de los productores y consumidores muertos en sustancias
más simples. Los animales carroñeros (que comen animales muertos) como el buitre,
se ubica en un nivel trófico determinado dependiendo de qué animal se está alimentando.
Por ejemplo si un buitre come de los restos de un tigre enfermo que ha muerto, se ubicaría
en el nivel 4. Podemos considerar que el flujo de materia en un ecosistema constituye un ciclo
cerrado, lo cual no ocurre con la energía, cuyo flujo es abierto y unidireccional, ya que ésta procede prácticamente en su totalidad del sol, y, sin embargo, no retorna a él. El ciclo de
energía es abierto; parte de ella se capta en cada nivel trófico, se utiliza en los procesos
vitales y se desprende en forma de calor; por esto se expulsa como residuo, y parte se
consume al crecer los seres vivos y puede ser utilizada en el nivel trófico siguiente.

Animales amenazados:

Los desastres ecológicos, la deforestación y otras consecuencias de la acción
humana provocan daños en la cadena trófica. Sin embargo, en el mundo actual la
extinción de especies animales no está tan directamente relacionada con la
escasez de alimentos o la contaminación, como con acciones violentas directas (la
caza no reglamentada y el comercio ilegal de especies salvajes) o indirectas (la
introducción de especies exóticas, en determinados ambientes, que compiten por
uno o más recursos con individuos nativos o ya adaptados al lugar).
En todo el mundo gobiernos y entidades no gubernamentales de distintos países
realizan grandes esfuerzos para despertar conciencia sobre la gravedad de esta
situación. Algunos de estos esfuerzos se canalizan a través de leyes que regulan
los períodos de caza y pesca, establecen el número máximo de piezas que está
permitido cazar, protegen a las especies en los períodos de apareo y desove y
establecen reservas adecuadas de vida natural. Sin embargo, los controles
ideados hasta el presente son insuficientes a la hora de detener el creciente
deterioro de la vida silvestre.
Hay industrias montadas sobre la caza indiscriminada de especies valiosas y la
captura de ejemplares vivos para su comercialización en forma clandestina.
Nutrias, osos, castores, focas, leopardos, visones, martas, astracanes, armiños,
zorros y chinchillas van a parar a manos de peleteros de todo el mundo que
comercializan unos 15.000.000 de pieles al año. Mientras tanto, unos 10.000.000
de pieles de reptiles entran en el circuito de la marroquinería.
Peces, ardillas, armadillos, monos, loros, camaleones y aves coloridas, son
capturados sólo para ser vendidos a personas que gustan de mascotas exóticas, a
pesar de que muchos de ellos mueren durante el transporte o en las viviendas de
sus compradores. Estadísticas recientes dan cuenta que unos 5.000.000 de aves y
500.000.000 de peces ornamentales llegan a manos de coleccionistas y aficionados.
Se calcula que en el reino animal hay unas 700 especies al borde de la desaparición y
2.300 seriamente amenazadas en todo el planeta. Unos 50 millones de primates al año
son utilizados en investigaciones de laboratorio o capturados para su venta como
mascotas. Sólo en Estados Unidos ingresan anualmente treinta millones de animales en
calidad de mercancía, provenientes de Brasil, México y países africanos. El tráfico ilegal
de animales mueve más de 4.000 millones de dólares por año, sólo superado por el
contrabando de armas y el narcotráfico.
La contaminación del medio ambiente por herbicidas, plaguicidas, fertilizantes,
vertidos industriales y residuos de la actividad humana es uno de los fenómenos
más perniciosos para el medio ambiente. Los contaminantes son en muchos casos
invisibles, y los efectos de la contaminación atmosférica y del agua pueden no ser inmediatamente evidentes, aunque resultan devastadores a largo plazo. Las consecuencias
de la lluvia ácida para los ecosistemas de agua dulce y forestales de gran parte de Europa
septentrional y central es un fenómeno que ilustra este apartado.

Especies en peligro:

En 1973 se firmó el primer tratado internacional que ponía límites a la caza y la
pesca indiscriminadas, y al comercio ilegal de animales. Ciento veintiséis países
han adherido a ese tratado, pero los estragos continuaron. Las especies más
amenazadas podrían desaparecer en las primeras décadas del siglo XXI. Las
cifras que manejan los especialistas son impresionantes: del tigre de Siberia,
capturado por su piel, quedan unos 200 ejemplares.
El cocodrilo del Nilo afronta peligro inminente de extinción. Viven en libertad unas
150 parejas del águila imperial ibérica, y están en serio peligro las tortugas
marinas, un lujo de coleccionistas. En las elevaciones de África sólo sobreviven
600 gorilas de montaña, y hay unos pocos más en zoológicos o institutos de
antropología. El guacamayo escarlata es codiciado en Estados Unidos por su
belleza e inteligencia. En Australia, es probable que haya desaparecido el lobo
marsupial; el último ejemplar fue visto hace más de diez años.
¿Cómo ha sido posible semejante nivel de destrucción? Las explicaciones saltan a
la vista. El panda gigante, no en vano consagrado como el símbolo internacional
de las especies en extinción, es cazado por su piel y para su exhibición en
zoológicos; se cree que no quedan más de 1.000 en libertad. En el Japón puede
llegar a pagarse hasta 50.000 dólares por un ejemplar.
En 1990 se prohibió totalmente la caza de elefantes en todos los países de África;
sin embargo, se siguen matando 70.000 ejemplares anuales, de cuyos colmillos se
extraen menos de 1.000 toneladas de marfil.
Si los rinocerontes se extinguen, ello se deberá a una serie de supersticiones y
creencias de algunos pueblos orientales: el cuerno pulverizado de este animal es
considerado un poderoso afrodisíaco. Por este motivo, casi ha desaparecido esta
especie de las islas de Java y Sumatra, y de la India. En África había unos 65.000
ejemplares negros en la década de 1970; en la actualidad quedan apenas 2.000.
Otro tanto pasa con el rinoceronte blanco: su desaparición es inminente.

Compitiendo por recursos:

Los animales no sólo están amenazados por la caza y la captura indiscriminadas.
Muchas poblaciones afrontan serios problemas en su propio hábitat, motivados
por la introducción de especies exóticas que comienzan a competir con los
ocupantes originarios de un determinado nicho ecológico. Desde los Estados
Unidos fueron introducidos visones en varios países de Europa, y tras su
presencia se redujo drásticamente la población de nutrias. En Australia se hicieron
sueltas de conejos para satisfacer los deseos de cazar de los colonos, sin tener en
cuenta que no había predadores naturales para esa especie tan prolífica. La
población de conejos creció tan espectacularmente que se convirtieron en plaga
de la agricultura. Entonces se importaron zorros, con el fin de controlar a los
conejos, pero disminuyó en forma alarmante el número de marsupiales nativos,
con los cuales los zorros compiten.
Apicultores brasileños importaron abejas africanas para mejorar la calidad de la
miel; lo lograron, pero la nueva variedad surgida muestra suma agresividad hacia
el hombre y los animales. El hombre ha sido responsable deliberado o accidental de la
alteración de las áreas de distribución de un enorme número de especies animales y
vegetales. Esto no sólo incluye los animales domésticos y las plantas cultivadas, sino
también parásitos como ratas, ratones y numerosos insectos y hongos.
Las especies naturalizadas pueden ejercer una influencia devastadora sobre los
ecosistemas naturales por medio de sus actividades de depredación y
competencia, sobre todo en islas en las que hay especies naturales que han
evolucionado aisladas. Así, la introducción de zorros, conejos, sapos, gatos monteses y hasta búfalos han devastado muchos ecosistemas de Australia. Plantas, como el arbusto
sudamericano del género Lantana, han invadido el bosque natural en muchas islas
tropicales y subtropicales y han provocado alteraciones graves en estos
ecosistemas; el jacinto acuático africano, género Eichhornia, también ha
perturbado de forma similar los ecosistemas de agua dulce de muchos lugares
cálidos del mundo.
En el litoral mediterráneo, la introducción accidental del alga marina Caulerpa
taxifolia está provocando la desaparición de las ricas y productivas comunidades
de fanerógamas marinas, las praderas de Posidonia.